Si había alguien que merecía su odio incondicional era el guevón de Dudamel.
No había nada que le diera más arrechera que el hecho de que ahora todo mundo en Venezuela fuera fanático de la música académica y compraran con meses de anticipación las entradas para los conciertos que dirigía el enano de mierda ese. Era realmente asqueroso, pero no le sorprendía en lo más mínimo. Así exactamente era su país. Si alguna vez alguien le preguntaba sobre la idiosincracia del venezolano tenía que recordar esto como un ejemplo perfecto.
Su desprecio hacia el mejor director del mundo, y esto quería que quedara bien claro, no tenía nada que ver con la posición política del personaje en cuestión. Su desprecio era generado por la más pura envídia. No tenía problema en admitirlo. No podía vivir en un mundo en el que Gustavo fuera el director de la Filarmónica de Los Angeles y el protagonista de un juego para iPhone. Al menos una copia terrible de Guitar Hero y similares, eso lo consolaba un poco.
Una vez se lo había cruzado en un centro comercial de Caracas, por eso sabía que era un enano de mierda. Como todo nuevo famoso el cabeza de guevo estaba esperando que lo reconocieran, pero él y las tres personas con las que estaba, como si tuvieran comunicación telepática, procedieron a ignorarlo y continuaron hablando de la excelente película que acababan de ver. Igual, gente que se arrodille a sus pies no le va faltar, así que estaba seguro de que Dudamel había superado ese encuentro en particular.
Él, por el contrario, estaba completamente jodido. El culto a Dudamel, o mejor dicho, al cabeza de guevo enano de mierda ese, apenas estaba comenzando y sin duda le iba a generar una úlcera tarde o temprano. Nada más miren este video:
El mundo era, sin duda alguna, un experimento especialmente diseñado para torturarlo, para probar cuanto podía resistir.
Probablemente no sería mucho más.
N del A: A continuación la cuarta parte de una historia que comenzó con el CUENTO 001, siguió con el número 013 y luego con el número 18.
Unas horas después vagaba sin rumbo por los alrededores de Times Square. Estuvo un rato en un bar, pasó las cervezas y el maní hablando con un lugareño acerca de las diferentes variaciones que ofrecía la marca Coors. Cuando salió no sabía como iba a continuar su noche, pero en este momento tenía una idea: Santos Party House. No entendía cómo no se le había ocurrido antes. De habérsele ocurrido antes tendría la dirección del lugar.
Siguió caminando como esperando un milagro mientras pensaba en aquella otra noche que había pasado frente a la computadora escuchando Andrew W.K. y buscando información sobre su alterego Steeve Mike. Fue una noche gloriosa. En esa sesión fue que se enteró de la existencia de Santos Party House, aparentemente le mejor lugar para la música en vivo de Manhattan, abierto por W.K en el 2008. De haber pensado en esto antes tendría la dirección del lugar.
Se disponía a entrar a otro bar a tomar un último trago antes de devolverse al hotel cuando vio un buzón del Village Voice. Tomó un ejemplar, eran gratis, y buscó la sección destinada a la vida nocturna. Rápidamente encontró lo que buscaba: 96 Lafayette St. Ni idea de como llegar. Salió de Times Square y en menos de dos minutos consiguió un taxi que sin mucha complicación lo llevó a las puertas de su destino.
Probablemente era una noche lenta en Santos, tocaban tres bandas de las que jamás había escuchado el nombre. Se sentó en una de las barras y utilizó el conocimiento que había adquirido en el bar anterior para pedir una Coor’s Extra Gold. Sin duda era mejor que la Coors original, pero meh. Observaba al público con atención, que cantidad de personajes habitaban en esta ciudad. Y las chicas, for fucks sake.
Al rato apareció en el escenario Andrew W.K., a pesar de que no había tanta gente en el local presentó a la banda como si estuviera a casa llena en el Madison Square Garden. Que genio, esto sin duda había sido el highlight de su viaje hasta ahora. Andrew W.K. desapareció del escenario y la banda comenzó a tocar un punk rock bastante moderno; casi todo el público se acercó a la tarima, él no estaba de humor y se quedó donde estaba.
Una catira con dreadlocks se acercó a la barra a comprar algo, estaba tan cerca que tuvo que hablarle. Se llamaba Samantha, pero por supuesto le decían Sam. Hablaron por lo que parecieron horas:
Sam: ¿Y no conoces a nadie aquí?
Él: ¿Aquí en Santos? No.
Sam: ¿Y en la ciudad?
Él: Si, a varias personas.
Sam: Pero, ¿no están aquí, right? ¿estás solo?
Él: Si, no llamé a nadie, en realidad.
Sam: ¿Por qué?
Él: Supongo que odio a todo el mundo.
Sam: ¿A todo el mundo? ¿Y porqué hablas conmigo?
Él: Tienes razón, vete con tus amigos.
Sam: Fuck you.
Él: Relájate Samantha.
Eventualmente conocío a los tres chicos que estaban con Sam. Eran geniales, pero al final el no había venido aquí a hacer amigos. En un momento logró estar a solas con Samantha de nuevo e hizo su movimiento, se besaron por unos minutos cerca de los baños pero la chica no se decidió a acompañarlo a su hotel y finalmente se fue con sus amigos. Le dijo que la llamara mañana. Él no planeaba hacerlo, pero finalmente lo haría.
FIN.
Continuará, evidentemente.
Para cerrar: Andrew W.K. - “Party Hard”
N del A: La siguiente historia sirve como continuación e esta, el cuento 013, que a su vez es la continuación a esta, el CUENTO 001.
Preparar el viaje le tomó siete meses.
Para el momento que lo logró su obsesión con Caroline McCarthy había desaparecido completamente. No sólo con ella, con todos los jóvenes de Sillicon Valley y con su ex enemigo David Karp en Nueva York. ¿Para que viajaba a Manhattan, entonces? Ni idea, no tenía idea.
El taxi lo dejó frente al hotel Wellington. Siempre se quedaba en el mismo lugar, a pesar de lo caro que se había puesto. Mientras recibía las maletas de manos del taxista respiró el característico olor de la ciudad que solía no dormir. En su mente comenzó a cantar “New York I love you, but you’re bringing me down”, melodía que iba a acompañarlo durante todo el viaje.
Luego de dejar la maleta tirada, bañarse y ponerse ropa fresca salió a dar un paseo por una ciudad hecha para transitarla a pie. Le encantaba caminar, esto iba a ser la gloria. Por un momento fantaseó con encontrarse a Caroline casualmente paseando por Broadway, pero lo extraordinario de todo a su alrededor le hizo olvidarla rápidamente. Sin embargo, no paso nada fuera de lo ordinario: se comió un hot dog terrible, se tomó a couple of beers en un bar del que luego intentaría recordar el nombre sin éxito, vio tiendas cerradas, tiendas abiertas, niuyorkinos y turistas. Compró ciertas provisiones en un 7-Eleven cercan0 al hotel y subió para descansar un poco, el viaje había sido largo.
Al día siguiente fue al Central Park, pasó por Strawberry Fields, vio desde afuera el edificio Dakota, pensó en entrar al Museo de Historia Natural, que jamás lo había visto, pero recordó que no le importaba en lo más mínimo su contenido. Pasó por un Kinkos cercano a revisar y enviar e-mails. Volvió al parque y se sentó un rato en una roca a ver a la gente pasar. Salió del parque, buscó un teléfono y llamó para cuadrar los planes del día siguiente, que era fin de semana y al fin estaría disponible su guía local, una vieja amiga. Pensó en contactar vía facebook a varios venezolanos que ahora residían en esta ciudad, pero decidió no hacerlo. Tampoco pasaría por el Arepa Bar.
Subió al hotel, se bañó, se tiró en la cama a ver televisión un rato. A las 10 de la noche salió, solo y sin planes, a ver que le traía la ciudad. En su mente cantaba:
Continuará, cuando se me ocurra un final.
Iba a ser difícil no usar drogas hoy. Iba a ser difícil porque:
1.- Tenía demasiadas drogas en su casa.
2.- No tenía planeado salir de su casa en todo el día.
y
3.- Era un día feriado y en la casa de al lado se escuchaban niños jugando. Gritaban. Constantemente.
Iba a ser difícil no usar drogas hoy, pero tenía que controlarse. Hoy quería ser productivo.
Lo pensó y se dio cuenta de que no hacía falta ponerle un final a la historia en la que estaba trabajando. Todos sabían como terminaba.
MULTIMEDIA: Why are drugs bad?
DRUGS from BLIND Films on Vimeo.
Al ver al conejo se quedó perplejo. No tenía sentido que estuviera ahí. Afloraron todos sus complejos. Se dio cuenta de que jamás sería viejo, toda su vida había sufrido de una sordera crónica a los consejos. Algún día pagaría por ello con sangre, pero era mucho mejor que la alternativa: escuchar dichos consejos. Puaj, jamás. Que no sean pendejos; en todo caso, de todo lo que le aconsejaran haría el reflejo. FIN.
- El texto fue escrito en una sentada para la edición inaugural del fanzine “Conejo”, muy pronto en un .pdf cerca de tí.
MULTIMEDIA: A diferencia de las ediciones anteriores y con la excepción de que el título de la canción menciona conejos, en este caso el videoclip de “Rabbit Habits” de Man Man no tiene absolutamente nada que ver con el texto de arriba:
Sólo lo pegue porque me parece alucinante. Y por Charlyne Yi.
Más información sobre el videoclip —-> mini-episodios.com

- CUENTO 016 - No hay bien que por mal no venga
El día en el que, por fin, la conoció; su caballo cayó en un hueco.
En agua hirviendo vació el sobre de sopa en polvo, papas rectangulares, zanahorias en cuadritos. Esperó. Tipeaba frenéticamente en la computadora, había encontrado una idea y no iba a dejar escapar a su presa, la capturaría y se la comería salvajemente. Le dolían los dedos, había estado pasando mucho tiempo frente a la pantalla últimamente. Le dolía la cabeza por la misma razón.
Calculaba que había transcurrido el tiempo exacto y procedió a apagar la hornilla y servirse. Estaba equivocado, en cuestión de cinco o seis minutos se daría cuenta de que a las papas les faltaba cocción y estaban duras, pero esos problemas estaban muy lejos todavía. Se servía con torpeza, desde siempre había tenido dos manos zurdas. Y había estado fumando. Y tenía mucha hambre. Y tenía dos manos zurdas.
Lo logró. Llevó el plato a frente a la computadora, planeaba comer viendo la pantalla y pensando sobre lo que iba a escribir. Desarrollando la idea. Casi bota la sopa sobre el teclado pero logra recobrar el equilibrio del plato a tiempo. Ve la pantalla. Acerca la cuchara al humeante plato. Ve la pantalla. Hunde la cuchara. Ve la pantalla. Sube la cuchara, el humo lo alerta y decide tocar el líquido con la punta de la lengua. Ve la pantalla. Decide esperar un poco antes de comer, pone el plato al lado del teclado.
Ve la pantalla. Se da cuenta de que la idea ya no está tan clara, la está perdiendo. Ve la pantalla. La pierde. Se preocupa. Tristeza. Ve la pantalla. Comienza con las siete etapas. Al principio no lo puede creer, en las notas que tomó debe haber pistas que le ayuden a retomar el camino. Lee. No hay nada. Ve la pantalla. Esto no puede estar ocurriendo, la idea tiene que estar por ahí. Ve la pantalla. Se dice a si mismo que esté tranquilo, que todo saldrá bien. Esto es sólo un contratiempo temporal. Ve la pantalla.
Se preocupa. Ve hacia el cielo y promete ayudar al prógimo por una cantidad de tiempo limitada a cambio de su idea. Un cambio justo a su parecer. Ve la pantalla. Se da cuenta que nadie ha respondido a sus genéricas plegarias. Ve la pantalla. Se siente culpable. Si tan sólo hubiera tipeado más rápido. Si no se hubiera distraido con la sopa. Si no hubiera fumado tanto. La sopa.
Ve la sopa. Humea, pero no tanto. Agarra el plato con torpeza. La pantalla pasa a segundo plano mientras se enfoca en alimentarse. Introduce la cuchara, se asegura de agarrar un poco de todo, se la acerca a la boca, comprueba con la lengua que no está demasiado caliente y se mete la cuchara completa en la boca. Asco. Se da cuenta de que las papas están durísimas. Llega la rabia. Tira el plato contra la pared contraria, asegurándose de que su espontáneo ataque de furia no presente ningún riesgo para su computadora. Crash.
Ahora tendrá que limpiar todo. Y su idea ya no existe. No tiene nada. Adios chivo, adios mecate. Ve la pantalla. Se siente peor que nunca. Jamás podrá salir de esta. Ve la pantalla. Recuerda que esto le ha pasado muchas veces, probablemente con mejores ideas. Aún mejores ideas. Se tranquiliza. No es el fin del mundo. No hay apuro, ya tendrá otra idea. Está absolutamente seguro de que muy pronto tendrá una idea aún mejor. Ve la pantalla. Se da cuenta de que aquí ya no tiene nada que hacer, pone la computadora a hibernar.
Se va a su cuarto. Fuma.
Las posibilidades eran ilimitadas.
Se había dado cuenta de que sin importar lo que hiciera o escribiera, el público iba a seguir pensando que sus cuentos eran autobiográficos. En ese aspecto no había nada que hacer.
Una vez establecido eso, las posibilidades eran ilimitadas: Podía utilizar sus cuentos para el mal, mentir, engañar. Podía utilizar sus cuentos para hacer crecer la leyenda, exagerar, ponerse creativo. Podía jugar al gato y al ratón con su audiencia. Podía hacerlos creer que en su casa había un ratón. Podía dejarles pistas dentro de los cuentos, o en los videos, o en los títulos de las canciones de las que ponía video.
Ilimitadas.
Podía expandirse al mundo real, quizás hacer una crónica de algún evento al que en realidad haya asistido y cambiarle un pequeño pero importante detalle.
Podía ir a Nueva York y buscar a Caroline.
Podía hacerle creer a su audiencia que estaba encerrado en su fortaleza trabajando en el plan maestro. Que no salía.
Podía trascender el medio, escribir un cuento sin hyperlinks y sin video que generara más imagenes y conexiones que todos los anteriores juntos.
N del A: La siguiente historia sirve como continuación a esta, el CUENTO 001.
Seis meses después media Venezuela usaba Tumblr. Otra vez se había perdido el chance de ser pionero, cosa que en realidad no lo mortificaba ya que no le encontraba el valor a ser el primero en un país como el que vivía, en el cual lo que importaba era lo comprobado, lo ya hecho, lo tradicional.
Su nueva obsesión, lo que realmente lo mortificaba, era Caroline McCarthy.
Hace un par de meses había leído en algún website que lo que realmente hacía diferente a Tumblr de los demás sistemas de blog era la habilidad de subscribirse - o “seguir” - a otros tumbleblogs y que la comunidad que se formaba alrededor de los posts era el verdadero valor del sistema. Él jamás volvería a escribir en algo creado por su archienemigo David Karp, pero nada le costaba seguir a unos cuantos escritores y ver de que se trataba la vaina.
Como suele pasar cometió un error, y ese error fue comenzar a seguir a la periodista de CNET y novia de su archienemigo David Karp, la chica de los ojos demoníacos, Caroline McCarthy. No pasó mucho tiempo para que se obsesionara con ella, a la cual pueden ver a su extrema derecha hablando de ratones en el siguiente video:
Rodents of Unusual Size (Episode 22) from ImJustSayin on Vimeo.
En este momento sólo se preguntaba, ¿no se suponía que David Karp era gay? Fuck, ¿porqué este carajito niuyorkino de mierda seguía haciendo todo lo posible por arruinarle la vida? Esto no se podía quedar así, esto requería medidas extremas y sólo había una posible solución a sus problemas.
Tenía que viajar a Nueva York.
Reading his alternative blog, he had another breakthrough: he had to stop writting hungover or stop caring.