N del A: La siguiente historia sirve como continuación e esta, el cuento 013, que a su vez es la continuación a esta, el CUENTO 001.
Preparar el viaje le tomó siete meses.
Para el momento que lo logró su obsesión con Caroline McCarthy había desaparecido completamente. No sólo con ella, con todos los jóvenes de Sillicon Valley y con su ex enemigo David Karp en Nueva York. ¿Para que viajaba a Manhattan, entonces? Ni idea, no tenía idea.
El taxi lo dejó frente al hotel Wellington. Siempre se quedaba en el mismo lugar, a pesar de lo caro que se había puesto. Mientras recibía las maletas de manos del taxista respiró el característico olor de la ciudad que solía no dormir. En su mente comenzó a cantar “New York I love you, but you’re bringing me down”, melodía que iba a acompañarlo durante todo el viaje.
Luego de dejar la maleta tirada, bañarse y ponerse ropa fresca salió a dar un paseo por una ciudad hecha para transitarla a pie. Le encantaba caminar, esto iba a ser la gloria. Por un momento fantaseó con encontrarse a Caroline casualmente paseando por Broadway, pero lo extraordinario de todo a su alrededor le hizo olvidarla rápidamente. Sin embargo, no paso nada fuera de lo ordinario: se comió un hot dog terrible, se tomó a couple of beers en un bar del que luego intentaría recordar el nombre sin éxito, vio tiendas cerradas, tiendas abiertas, niuyorkinos y turistas. Compró ciertas provisiones en un 7-Eleven cercan0 al hotel y subió para descansar un poco, el viaje había sido largo.
Al día siguiente fue al Central Park, pasó por Strawberry Fields, vio desde afuera el edificio Dakota, pensó en entrar al Museo de Historia Natural, que jamás lo había visto, pero recordó que no le importaba en lo más mínimo su contenido. Pasó por un Kinkos cercano a revisar y enviar e-mails. Volvió al parque y se sentó un rato en una roca a ver a la gente pasar. Salió del parque, buscó un teléfono y llamó para cuadrar los planes del día siguiente, que era fin de semana y al fin estaría disponible su guía local, una vieja amiga. Pensó en contactar vía facebook a varios venezolanos que ahora residían en esta ciudad, pero decidió no hacerlo. Tampoco pasaría por el Arepa Bar.
Subió al hotel, se bañó, se tiró en la cama a ver televisión un rato. A las 10 de la noche salió, solo y sin planes, a ver que le traía la ciudad. En su mente cantaba:
Continuará, cuando se me ocurra un final.