Sunday, Jan 23rd, 2011 ↓

CUENTO 030: “Tres estrellas”

Cuando finalmente terminó Angry Birds no tenía nadie a quien contárselo.

Era un problema con el que se había enfrentado desde el momento en que comenzó su adicción insana con el juego, no encontraba quien la compartiera. Para comenzar vivía en Venzuela, el país de los Blackberrys. Las pocas veces que se había topado con usuarios de iPhone se obligó a vencer su timidez natural y entabló conversaciones genéricas sobre el equipo que invariablemente terminaban con la pregunta: oye, ¿y has jugado Angry Birds?

Nadie.

Él había cumplido con su deber cívico y se los había recomendado con vehemencia, pero sabía que ninguno lo iba a adquirir. En Venezuela solían utilizar el iPhone como teléfono y poco más.

Triunfal, abandonó la poceta. Había terminado sus asuntos en el baño hacía más de media hora, pero no se pudo parar. Estaba en el medio del juego de su vida. Estaba en la zona. Cuando finalmente logró aplastar todos los cochinos del último nivel no lo podía creer. Sintió que los tres meses que había dedicado a aprender a disparar pájaros con una resortera gigante no habían sido una total pérdida de tiempo. Se sintió realizado.

Podía volver a salir, ver el sol, hablar con otros seres humanos. Podía dejar de pensar en la mejor forma de derribar estructuras. Podía dejar de practicar con sus dedos encima del escritorio en su trabajo. Podía reanudar su vida.

De repente, se sintió vacio. Sabía que existían otras versiones del juego que probablemente iba a adquirir, pero en este momento no tenía nada. ¿Qué iba a hacer el resto de la noche? Ya era muy tarde para salir. ¿Qué iba a hacer el resto de su vida?

Por inercia se dirigió a la cocina. Abrió la nevera, estaba casi vacía: agua, un pote de pepinillos con dos flotando, mostaza y salsa de tomate, Tabasco, mermelada de durazno. Sin muchas esperanzas abrió una de las gavetas y milagrosamente aparecieron un par de salchichas que probablemente ya estuvieran vencidas. No le importó. Las sacó junto con las salsas y puso lo que serían los ingredientes de su banquete en una mesa sin mantel. Intentaba pescar los pepinillos con las manos mientras contemplaba las salchichas; pensaba en cual sería la forma más apetitosa - o mejor dicho, menos terrible - de comérselas cuando tuvo una revelación.

La expresión de satisfacción innundó su cara mientras sacaba su iPhone y se dirigía hacia la silla de cuero negro en el medio de la sala. Se dejó caer pesadamente y comenzó a jugar, tenía un nuevo objetivo: pasaría todos los niveles con tres estrellas.

FIN.

MULTIMEDIA: “Angry Birds In-game Trailer

Más información —> http://www.rovio.com/index.php?page=angry-birds

BONUS MULTIMEDIA: “Jake and Amir: Angry Birds