Wednesday, Feb 4th, 2009 ↓

CUENTO 015 - La octava etapa

En agua hirviendo vació el sobre de sopa en polvo, papas rectangulares, zanahorias en cuadritos. Esperó. Tipeaba frenéticamente en la computadora, había encontrado una idea y no iba a dejar escapar a su presa, la capturaría y se la comería salvajemente. Le dolían los dedos, había estado pasando mucho tiempo frente a la pantalla últimamente. Le dolía la cabeza por la misma razón.

Calculaba que había transcurrido el tiempo exacto y procedió a apagar la hornilla y servirse. Estaba equivocado, en cuestión de cinco o seis minutos se daría cuenta de que a las papas les faltaba cocción y estaban duras, pero esos problemas estaban muy lejos todavía. Se servía con torpeza, desde siempre había tenido dos manos zurdas. Y había estado fumando. Y tenía mucha hambre. Y tenía dos manos zurdas.

Lo logró. Llevó el plato a frente a la computadora, planeaba comer viendo la pantalla y pensando sobre lo que iba a escribir. Desarrollando la idea. Casi bota la sopa sobre el teclado pero logra recobrar el equilibrio del plato a tiempo. Ve la pantalla. Acerca la cuchara al humeante plato. Ve la pantalla. Hunde la cuchara. Ve la pantalla. Sube la cuchara, el humo lo alerta y decide tocar el líquido con la punta de la lengua. Ve la pantalla. Decide esperar un poco antes de comer, pone el plato al lado del teclado.

Ve la pantalla. Se da cuenta de que la idea ya no está tan clara, la está perdiendo. Ve la pantalla. La pierde. Se preocupa. Tristeza. Ve la pantalla. Comienza con las siete etapas. Al principio no lo puede creer, en las notas que tomó debe haber pistas que le ayuden a retomar el camino. Lee. No hay nada. Ve la pantalla. Esto no puede estar ocurriendo, la idea tiene que estar por ahí. Ve la pantalla. Se dice a si mismo que esté tranquilo, que todo saldrá bien. Esto es sólo un contratiempo temporal. Ve la pantalla.

Se preocupa. Ve hacia el cielo y promete ayudar al prógimo por una cantidad de tiempo limitada a cambio de su idea. Un cambio justo a su parecer. Ve la pantalla. Se da cuenta que nadie ha respondido a sus genéricas plegarias. Ve la pantalla. Se siente culpable. Si tan sólo hubiera tipeado más rápido. Si no se hubiera distraido con la sopa. Si no hubiera fumado tanto. La sopa.

Ve la sopa. Humea, pero no tanto. Agarra el plato con torpeza. La pantalla pasa a segundo plano mientras se enfoca en alimentarse. Introduce la cuchara, se asegura de agarrar un poco de todo, se la acerca a la boca, comprueba con la lengua que no está demasiado caliente y se mete la cuchara completa en la boca. Asco. Se da cuenta de que las papas están durísimas. Llega la rabia. Tira el plato contra la pared contraria, asegurándose de que su espontáneo ataque de furia no presente ningún riesgo para su computadora. Crash.

Ahora tendrá que limpiar todo. Y su idea ya no existe. No tiene nada. Adios chivo, adios mecate. Ve la pantalla. Se siente peor que nunca. Jamás podrá salir de esta. Ve la pantalla. Recuerda que esto le ha pasado muchas veces, probablemente con mejores ideas. Aún mejores ideas. Se tranquiliza. No es el fin del mundo. No hay apuro, ya tendrá otra idea. Está absolutamente seguro de que muy pronto tendrá una idea aún mejor. Ve la pantalla. Se da cuenta de que aquí ya no tiene nada que hacer, pone la computadora a hibernar.

Se va a su cuarto. Fuma.