Frente al espejo, practicaba. Intentaba hacer la voz de un norteamericano hablando español. No le salía muy bien, en realidad. Repetía la misma frase una y otra vez, variando las tonalidades, formas de decirlo y estados de ánimo. Se le veía la frustración en la cara. Tenía un par de horas frente al espejo y no estaba satisfecho con los resultados.
Nunca había sido buen actor, de hecho nunca había intentado actuar, pero si quería continuar su carrera como maestro del disfraz era el momento de tomar al toro por los cachos. No importaba cuando tiempo tomara. Salío del baño al cuarto. Encima de su cama había un montón de ropa y accesorios todavía con las etiquetas. En su vida cotidiana jamás hubiera considerado utilizar el 99% de los productors que habia comprado. Esa era la idea, su ropa era muy fácil de identificar.
Se sentó a un lado del montón y agarró libreta y bolígrafo de la mesita de noche. Comenzó a hacer una lista:
- 2 pelucas, marrón y amarillo.
- Bigotes.
- Maquillaje variado (averiguar)
- ¿Traje de Gordo?
Se quedó pensando un rato en qué más necesitaba. Tachó el traje de gordo, aunque lo quisiera nunca iba a encontrar uno en Caracas. Se paró y fue a la computadora, la despertó, cerró Bittorrent y abrió Chrome. Fue a Google y tipeo en la barra de búsqueda “Disfraces Caracas”. Para su sorpresa aparecieron montones de resultados. Revisó varios y se dio cuenta de que la mayoría de la oferta era en disfraces para niños. Siguió buscando. Anotó una dirección, luego otra. Volvió a abrir Bittorrent. Se paró.
Otra vez en el baño, siguió practicando. Esta vez intentó el acento argentino.
MULTIMEDIA: “Solution to boredom - Lesson 4:”